23/06/2017

Arsenal: el perfil liberal de Cristina

La ex presidenta logró, por una vez, unificar al amplio y contradictorio espectro de los analistas mediáticos. Una unidad hecha de sorpresa y, cómo no, de sincero desconcierto. La respuesta al acto de Arsenal fue un estallido de interpretaciones dispares y hasta contradictorias, al que no podemos más que aportar alguna que otra esquirla, algún que otro perdigón.

Tal fue el desconcierto, que mientras la tapa de Clarín había visto un discurso “muy duro” contra el gobierno, Joaquín Morales Solá se ofendía por la blandura retórica de la ex mandataria. “Habló como si no hubiera sido la presidenta de los discursos violentos y difamatorios”, escribió con sincero enojo. Y mientras Sandra Russo aplaudía la jugada comunicativa como una “acción política renovada y readaptada a las circunstancias históricas”, el cronista de La Izquierda Diario en Arsenal aseguraba haber sido testigo de la desilusión de las multitudes K, incapaces de procesar la nueva estrategia discursiva de su líder.

Uno podría pensar que las incompatibilidades interpretativas que genera el fenómeno Cristina responden a que se lo suele abordar desde una mirada unívoca, que destaca su rostro populista (su proximidad con las masas, su carácter antagonístico, su retórica épica), pero que omite su costado más incómodo para el estáblishment: su perfil capitalista.

Ciertamente, el martes hubo sorpresa entre las filas militantes. Incluso, hubo quienes habían llegado a Sarandí creyendo que la salida del PJ anticipaba una radicalización por izquierda de Cristina. Entre los folletos que se entregaban a metros del estadio, destacó el análisis de la Tendiente Piquetera Revolucionaria, que describía al frente Unidad Ciudadana como una oportunidad para la construcción de “un frente de izquierda, chavista, combativo y antisistema”. El acompañamiento de los intendentes del conurbano debió haber bastado para invalidar este análisis. Y sin embargo, fue la misma lectura en la que incursionaron incluso distintos analistas liberales en los días previos al acto, tal vez motorizados por el deseo de aislar a Cristina del PJ antes que por un análisis político honesto.

En Arsenal, esas previsiones se esfumaron. El frente Unidad Ciudadana hizo honor a su republicano nombre y se presentó como una propuesta liberal, con todos los condimentos de la socialdemocracia y el republicanismo europeo: un discurso de unidad donde los antagonismos se reducen a modelos de gestión, donde las luchas sociales se articulan en torno a un horizonte de derechos, y donde el mercado es presentado como la clave para el desarrollo nacional.

Cristina dejó atrás el atril de la retórica populista e ideologizante y se subió a la misma tarima despojada de la narrativa macrista, donde ya no hay lugar para enfrentamientos sectoriales y donde la política se enmascara detrás de una promesa de consenso basado en el carácter igualador de los mercados. Cristina aceptó jugar en el terreno discursivo delineado por su contrincante (o sus contrincantes): el terreno de la retórica liberal. A pesar de la aparente contradicción que creen ver los analistas del estáblishment, se trata de un terreno que la potencia. No importa todo lo que se haga por asociar al kirchnerismo con lo antisistémico (asociación en la que ingresan con demasiada liviandad acusaciones de ‘chavismo’, ‘bolchevismo’ y ‘montonerismo’), el  eje de la igualación kircherista fue siempre el consumo. El principal derecho distribuido, la principal fuerza igualadora durante los dos gobiernos de Cristina fue el acceso a bienes, a las mieles del capitalismo.

Algunos creímos ver tras la derrota de 2015 que este consumo, despojado de conciencia política, explicaba en parte el debilitamiento repentino de un proyecto de clara matriz distributiva. Pronto notamos, a medida que se consolidaba el modelo económico del macrismo, que ese hábito de consumo constituía la verdadera pesada herencia del kirchnerismo, la verdadera bomba económica arrojada por debajo de la puerta de los proyectos liberales por venir. En su retórica capitalista, el macrismo no puede prometer otra cosa que no sea un futuro de acceso a bienes de consumo; pero es una promesa que se articula al mismo tiempo en que ese acceso se reduce para la mayoría de la población. Esto explica la desesperación del oficialismo por correr la discusión política por fuera del eje económico, algo difícil de lograr para Macri, quien encarna en sí mismo un modelo económico, pero que podría conseguirse a través de figuras menos asociadas al ámbito empresarial (léase Vidal, Bullrich o Manes).

Mientras el oficialismo huye de su propia arena, Cristina llama a discutir ‘gestión capitalista’, que no es otra cosa que discutir ‘macrismo’. Pero no es cierto que para eso deba adentrarse, incómoda, en un terreno que le es extraño. Ese terreno también le pertenece. De los muchos rostros que ofrece el fenómeno Cristina, ahora ha decidido priorizar su rostro liberal. No hay aquí ninguna metamorfosis política, apenas un cambio de perfil. El objetivo es una población que, sin dejar de creer en las bondades del liberalismo, ha empezado a notar que Cristina las gestionaba con mayor habilidad que el actual presidente.


26/04/2017

La pregunta por el sentido común

"¿Es preferible 'pensar' sin tener conciencia crítica de ello, de modo disgregado y ocasional, o sea, 'participar' en una concepción del mundo 'impuesta' mecánicamente por el ambiente externo, (…) o es preferible elaborar uno su propia concepción del mundo consciente y críticamente, y por tanto escoger la propia esfera de actividad en conexión con ese esfuerzo del cerebro propio, participar activamente en la producción de la historia del mundo, ser guía de sí mismos en vez de aceptar pasivamente y supinamente la impronta puesta desde fuera a la personalidad?"
Antonio Gramsci (2010) Antología - Volumen 2.

01/02/2017

Macri y la obstinación ideológica como motor político

Con su último traspié vía decreto, el gobierno de Macri ha dejado expuesto un modo concreto de gestión que para muchos no pasaba de ser una sospecha. Si hasta el momento podíamos confundir algunos tropezones del gobierno como 'torpeza' o 'falta de experiencia’, el DNU que estableció la movilidad del feriado del 24 de marzo nos obliga a plantearnos otra explicación: estamos ante un gobierno eminentemente ideologizado. Esto no significa que pueda existir, acaso someramente, un gobierno sin ideología. Lo que parece mostrársenos con nitidez es que, para Macri, la ideologización de las decisiones políticas tiene preponderancia aun por sobre las consideraciones de oportunidad y estrategia. O, lo que es lo mismo, por sobre toda racionalidad política.

Desde un punto de vista meramente táctico, el DNU que afectaba el Día de la Memoria carecía de sentido. El propio Morales Solá se alzó en alarma debido a la sumatoria de polémicas innecesarias que, para su preocupación, corren el riesgo de debilitar al gobierno:

“El 24 de marzo de este año será un viernes. ¿Para qué cambiarlo al lunes si lo mismo hubiera significado un feriado largo? Los próximos dos años caerá un sábado y un domingo sucesivamente. El primer problema lo tendrá el gobierno que esté en el año 2020, cuando caerá un martes. La modificación de día carece de sentido político porque hiere la sensibilidad de sectores sociales y somete al Presidente a una polémica inservible.”

Aunque una rápida lectura opositora interpretaba que el gobierno buscaba evitar una movilización multitudinaria como la del 2016, esta lectura se debilita cuando se confirma que no es fácil forzar una desmovilización un día viernes, aunque sea laborable. Desde cualquier punto de vista, la medida carecía de sentido de oportunidad.

Se trataba, claro está, de una medida simbólica: el objetivo era el mensaje, no la acción concreta. Así lo interpretó Estela de Carlotto, para quien el decreto fue “una provocación al dolor, a la lucha”. La inmediata reacción de organismos de Derechos Humanos, gobernadores e intendentes, era fácil de prever. No hay estrategia política que pueda explicar la toma de una decisión simbólica como esta (potencialmente nociva para la imagen del gobierno y cuya aplicación no se podrá efectivizar durante su gestión). Descartado el error o la imbecilidad, la única explicación posible es la ideología.

A nadie sorprende el destrato del presidente hacia los organismos de Derechos Humanos y hacia la lucha por Verdad, Memoria y Justicia. Después de todo, Mauricio Macri es heredero de un imperio familiar que creció y prosperó al amparo de la dictadura, un imperio que de la mano de Sigaut, Cavallo y Melconián, se benefició con la estatización de la deuda privada (llanamente: la transferencia de la deuda en dólares del grupo Macri a todos los argentinos). Después de todo, Mauricio Macri es el mismo que calificó de “curro” las políticas de Derechos Humanos de la última década, asociadas a la voluntad política del kirchnerismo pero aplaudidas por un amplio espectro ideológico, tanto a nivel nacional como internacional.

En suma: Macri ha confirmado que para él la ideología se impone a la estrategia. La concepción individual del mundo, tal como la vislumbra el presidente, prevalece ante un análisis de las condiciones materiales para su aplicación. Esta constatación no solo resulta paradójica para alguien que se ha propuesto “menos ideología y más comercio”, sino que es, en definitiva, señal de una profunda incapacidad política.

Los gobiernos pueden hacer apuestas ideológicas, pero nadie hace apuestas ideológicas sin un claro análisis de coyuntura y de correlación de fuerzas. Hecho este análisis, nada exime a un gobierno de cometer errores de cálculo; pero lo que el DNU de Macri nos indica es que no ha habido cálculo en absoluto, o que, si lo hubo, el cálculo fue desechado. Sin cálculo y análisis, las decisiones políticas corren el riesgo de caer en la más llana irracionalidad.

Vistas en retrospectiva, algunas de las acciones más resonadas del primer año de Macri parecen encontrarse atravesadas por esta matriz de irracionalidad claramente evitable con un cálculo estratégico simple. El fabuloso DNU que pretendió instalar a Rosatti y a Rosenkrantz como jueces de la Corte Suprema, supuso que Macri firmara para la posteridad una expresa confesión de desprecio por las instituciones que hasta entonces decía defender. Únicamente una sobrevaloración de la propia percepción político-institucional podía suponer que aquel decreto no recibiría una andanada de críticas de todos los sectores, desplomándose por su propio peso.

Con el desproporcional 2000% de aumento en el valor del gas (luego reducido a un ‘algo-menos-desproporcional’ 400%) Macri actuó de modo semejante: ¿creía acaso que la creciente presión de las empresa privadas podía pasar por encima de la racionalidad en el gasto de los consumidores? Tiempo después llegó el comunicado conjunto entre Cancillería y el Reino Unido por las Islas Malvinas, donde la Argentina aceptaba “remover todos los obstáculos” (retrotrayendo el estatus del reclamo de soberanía a 1989) para habilitar la explotación económica de las Islas. Una vez más, solo si se anteponía la cerrazón ideológica del presidente (quien en los ’90 llegó a decir que las Islas serían “un fuerte déficit” para el país) puede entenderse la firma de un acuerdo internacional que estaba condenado al más hondo rechazo social.

En términos estratégicos, esta obstinación ideológica se presenta como un inesperado flanco débil del gobierno, una herida que el propio presidente se anima a exponer a la vista del campo popular, que podría explotarla para debilitarlo política y discursivamente.

Del puñado de medidas antes consideradas, solo el tarifazo fue confrontado de un modo que ampliaba el espectro social del rechazo más allá de los sectores politizados. La reacción contra el nombramiento de jueces por decreto, contra el acuerdo por Malvinas o contra el último DNU, se canalizó a través de declaraciones políticas y recursos judiciales movilizados desde estructuras institucionales formales. La lucha contra el tarifazo, en cambio, vio la articulación de sectores más amplios de la sociedad, que incluyó la formación de multisectoriales, el levantamiento de firmas y la protesta en las calles. La irracionalidad y la sensibilidad de las otras medidas también habilitaba la articulación de acciones equivalentes. Nada más hacía falta identificar el momento de obcecación ideológica y responder con estrategias que permitieran ampliar la base social del rechazo.

La ideología, sabemos, todo lo impregna. No hay decisión política, económica o social que pueda estar exenta de ideología. Pero para bien o para mal, el manejo de la política republicana, con su necesidad de articular consensos mayoritarios, demanda de una acción política siempre calculada y estratégica. Sabemos que las ideas no pueden imponerse si no hay una base social y material previamente dispuesta. Esta dificultad que ha demostrado Macri para actuar con ‘inteligencia’ en diversos escenarios coyunturales puede entenderse (excluida la mera torpeza) desde la obstinación ideológica. El DNU que afectó el 24 de marzo no admite otra explicación. Queda a la consideración de cada uno determinar cuáles de las múltiples medidas tendientes a aplastar los salarios y a paralizar la economía, se desprenden de la misma racionalidad; o mejor dicho, de la misma irracionalidad. En cualquier caso, toda irracionalidad expone un flanco débil del gobierno que el campo popular está obligado identificar y a explotar en su favor.


12/01/2017

Cuántos pobres se necesitan para hacer un rico

"Las leyes del capitalismo, invisibles para el común de las gentes y ciegas, actúan sobre el individuo sin que éste se percate. Sólo ve la amplitud de un horizonte que aparece infinito. Así lo presenta la propaganda capitalista que pretende extraer del caso Rockefeller —verídico o no—, una lección sobre las posibilidades de éxito. La miseria que es necesario acumular para que surja un ejemplo así y la suma de ruindades que conlleva una fortuna de esa magnitud, no aparecen en el cuadro y no siempre es posible a las fuerzas populares aclarar estos conceptos."
Ernesto Che Guevara  (1965) El hombre nuevo.

10/01/2017

La verdadera revolución solo llega al final

"En la fase superior de la sociedad comunista, cuando haya desaparecido la subordinación esclavizadora, de los individuos a la división del trabajo, y con ella, la oposición entre el trabajo intelectual y el trabajo manual; cuando el trabajo no sea solamente un medio de vida, sino la primera necesidad vital; cuando, con el desarrollo de los individuos en todos sus aspectos, crezcan también las fuerzas productivas y corran a chorro lleno los manantiales de la riqueza colectiva, sólo entonces podrá rebasarse totalmente el estrecho horizonte del derecho burgués, y la sociedad podrá escribir en su bandera: ¡De cada cual, según su capacidad; a cada cual, según sus necesidades!"
Karl Marx (1980) Crítica del Programa de Gotha.



26/12/2016

Los gobiernos de izquierda y la tolerancia cero a la corrupción

"¿En qué país de América Latina, en gestión de gobierno, ex ministros están en la cárcel? Tenemos un ex alcalde de la segunda ciudad más importante de Bolivia, del Alto, en la cárcel. Si no hacíamos eso, y si no hacemos eso, corremos el riesgo de perder lo único que tiene un proceso revolucionario: su fuerza moral. Ha sido muy doloroso y ha sido un aprendizaje. Hemos encontrado que estaba sucediendo que de parte de los compañeros no había el suficiente control y había esta especie de permisividad basada en que son compañeros nuestros... pero en ese descuido se pone en riesgo tu propa moral y si tú no actúas de una manera fuerte, golpeándote a ti mismo, porque es tu propia gente, lo que haces socialmente es perder infinitamente tu fuerza moral, que es lo que te mantiene en pie... Una revolución no puede perder la fuerza moral, porque es lo único que tiene para combatir todo tipo de ataque. Ese es otro aprendizaje de todo tipo de revolución: por muy doloroso que sea, uno tiene que tener la valentía y la fuerza de poder cortarte tú, cortar el dedo infectado o la mano infectada. Tú cortártela, no que otro te la corte, porque cuando otros te la cortan te van a meter el cuchillo al corazón y de eso no te vas a poder reponer ni en una generación... Va a venir toda la jauría moralizante de la sociedad para descalificarte y si pierdes moralmente, pierdes generacionalmente. La peor derrota de un revolucionario es la derrota moral. Puedes perder elecciones, puedes perder militarmente, puedes perder la vida, pero sigue en pie tu principio y tu credibilidad. Cuando pierdes la moral, ya no te levantas. Va a ser otra generación, va a ser otro líder el que va a poder levantarse. Hay que protegerse, Así como en la gestión estatal la economía es lo fundamental, en preservación de tu liderazgo  lo fundamental es tu fuerza moral. Nunca permitas que te debiliten tu fuerza moral porque de eso tampoco te recuperas."
Álvaro García Linera (2016) en entrevista con Martín Granovsky.



19/12/2016

La misericordia de los poderosos

“Enero 9. Domingo. ¡Qué día difícil! En San Petesburgo hubo serios disturbios debido al deseo de algunos trabajadores de avanzar sobre el Palacio de Invierno. Las tropas debieron dispararles en distintos puntos de la ciudad. Hubo muchos muertos y heridos. ¡Dios, qué duro y doloroso! Mamá vino a vernos después de misa. Almorzamos todos juntos. Salimos de paseo con Misha. Mamá se quedó a pasar la noche con nosotros.”
Enero de 1905. Diario del Zar Nicolás.




17/12/2016

Que los de abajo no descubran que son mayoría

"Los esclavos romanos no tenían una vestimenta que los distinguiera. En una ocasión se propuso ante el senado dar a los esclavos un vestido distintivo, pero se consideró riesgoso ya que pondría en evidencia su número. (Sen. de Clem. i. 24.)"
William Smith (1859) A Dictionary of Greek and Roman Antiquities.




Aún la más honrosa muerte de un esclavo, no vale el honor de un hombre libre

“Al verse en tal aprieto, Espartaco mandó a formar todo su ejército. Cuando le trajeron su caballo, lo primero que hizo fue desenvainar la espada y sacrificarlo, diciendo: ‘Si acaso salgo victorioso, tendré muchos y hermosos caballos de mis enemigos, mas si soy vencido, no necesitaré ninguno’. Se dirigió entonces contra el propio Craso, llenándose de heridas entre las muchas armas romanas, y aunque no llegó hasta el general, quitó la vida a dos centuriones que se cruzaron en su paso. Finalmente, mientras los suyos huían, él se mantuvo firme, y al ser cercado por muchos, se defendió hasta que lo hicieron pedazos. Craso fue afortunado: cumplió con los deberes de un buen general sin dejar de poner en riesgo su persona... Pero no se atrevió a pedir a Roma la declaración de un triunfo solemne. Ni siquiera uno menos solemne, al que llaman ovación, parecía propio y digno por una guerra de esclavos.”
Plutarco (c.s.I-II) Las Vidas Paralelas: Tomo III. 




12/12/2016

La escuela que reproduce desigualdad: tres notas

“El ‘mantenimiento máximo de la desigualdad’ significa que la tasas de transición y el ratio de probabilidad entre origen social y transición educativa se mantienen iguales de una cohorte a otra a menos que se fuerce un cambio a través de una mayor matriculación.” (Raftery y Hout, 1993)
 “La educación debe ser entendida como un bien posicional, es decir, que su relevancia está no tanto en su valor intrínseco como en su capacidad de diferenciar entre quiénes la tienen y quiénes no. Esta hipótesis plantea que en un nivel educativo dado la desigualdad se mantiene hasta que comienza la saturación, es decir, que los jóvenes de diferentes orígenes sociales logran la titulación requerida en porcentaje considerable, cercano al 90%. Cuando esto sucede, las desigualdades empiezan a ser más importantes en el siguiente nivel educativo.” (Martínez García, 2011)
“Si el nivel educativo  de la familia es alto, se hará un sobreesfuerzo para que  su  hijo  mantenga  el  mismo  nivel  educativo  (efecto  techo),  por  el  contrario  si  el nivel educativo de la familia es bajo, no le van a dar tanta importancia, puesto que no pueden  descender  más,  a  que  los  resultados  educativos  de  sus  hijos  sean  buenos (efecto suelo).”  (García Higueras, 2015)


10/12/2016

La libertad de quién

"La libertad es una gran palabra, pero bajo la bandera de la libertad de industria se han hecho las guerras más expoliadoras y bajo la bandera de la libertad de trabajo se ha despojado a los trabajadores."

Vladimir Lenin (1971) “¿Qué hacer?” Obras Escogidas – Volumen I



09/12/2016

Desconfiar de las señales hasta que ya es tarde

“Me obligué a pensar cuál era el nuevo concepto [de nuestra época], y me quedó claro que era el riesgo, no solo el riesgo tecnológico y ecológico, sino también el riesgo en la vida y en el trabajo...  [Años después] Di una conferencia en Harvard en la que los americanos me dijeron que no creían en el concepto de riesgo. Ellos pensaban que no era más que una histeria europea. Luego llegaron los ataques terroristas y hubo una conversión completa. De pronto el terrorismo se convirtió en el principal riesgo.”

Ulrich Beck, entrevistado por Stuart Jeffries (2006) “Risky business” para The Guardian



05/12/2016

Lograr transformaciones mientras los que las piden no las ven

"La derecha me veía como un maldito, un traidor a mi clase. Para la izquierda era un burgués, un capitalista que no podría resolver la coyuntura de la época. Me había convertido en el burgués maldito, pero había logrado que los trabajadores tuvieran el 50% en la distribución de la riqueza."
Gelbard: Historia secreta del último burgués nacional (2006)




27/11/2016

A raíz de Fidel

Para un diario local (que al día de hoy todavía reivindica el Proceso), Fidel no hizo más que forjar “sueños que fueron pesadillas”.

¿En serio? ¿Será pesadilla la baja tasa de mortalidad infantil de Cuba, por debajo de la de los EEUU (ni qué hablar de México, Chile, Argentina, Brasil y otros marginales del capitalismo)? ¿Será pesadilla el acceso universal a uno de los sistemas de salud más completos del mundo, muy por encima de los EEUU (ni qué hablar de México, Chile, Argentina, Brasil y otros marginales del capitalismo)? ¿Será pesadilla el acceso universal a uno de los sistemas educativos más exitosos e igualitarios del mundo, mucho más que el de los EEUU (ni qué hablar de México, Chile, Argentina, Brasil y otros marginales del capitalismo)? ¿Y el acceso universal a la vivienda y al trabajo? (Es cierto, esta vivienda y este trabajo no supera al de los EEUU -centro global del capitalismo-; comparemos entonces con México, comparemos con Brasil, los PBI más alto de la América Latina. ¿Dónde habita la pesadilla?) ¿O será pesadilla entonces el estallido cultural que nos dio a algunos de los mejores cineastas, músicos y literatos de habla hispana del último medio siglo? No, tal vez la pesadilla sea, como escribía algún ‘periodista’ ayer, que Cuba tiene presos políticos. ¿Acaso supera en número al de los EEUU? (Claro, nunca nadie recuerda a los presos políticos de los EEUU.) O tal vez la pesadilla sea, como escribía otro ‘periodista’ ayer, que Fidel Castro tiene a sus espaldas la muerte de cientos de opositores. ¿Acaso Fidel, en 60 años de Revolución, rozó siquiera el número de muertes con el que deja su doble mandato el premio Nobel de la Paz Barak Obama? ¿Acaso las muertes con las que carga Fidel son las muertes de inocentes, ajenos a las disputas por el poder que solo responde a los principios del dinero y la propiedad? O tal vez la pesadilla sea, como escribe otro ‘periodista’ hoy, que Fidel no terminó con la pobreza en Cuba. ¿Acaso la pobreza cubana es peor que la de sus vecinos Haití, República Dominicana o (la colonia estadounidense de) Puerto Rico?

No, las únicas pesadillas que vivió y vive Cuba no son autoimpuestas, no son el resultado de una revolución que liberó, igualó, educó y cuidó al pueblo cubano. Las únicas pesadillas fueron el bloqueo comercial impuesto por los EEUU (para que no se contagie el socialismo en sus tierras) y que impidió al país comerciar libremente y crecer económica y tecnológicamente durante más de 60 años. Las únicas pesadillas fueron los golpes de Estado y las dictaduras que barrieron Latinoamérica durante los ’70 y ’80, delineadas desde Washington para extirpar la expansión de políticas socialistas que estaban destinadas a tender lazos con la isla rebelde. Las únicas pesadillas fueron la globalización neoliberal financiada por las corporaciones y la Secretaría de Estado de los EEUU, que destrozó los márgenes de maniobra nacionales haciendo que la política en todo el mundo se rindiera ante la libre y caprichosa circulación del dinero, multiplicando la pobreza mundial, las guerras y las cifras de desplazados, y empujando a Cuba a adentrarse en el pantanoso terreno del pseudo-capitalismo, lo que desmoralizó a su población y trastocó la escala de valores sociales, haciendo que el dinero ingrese como disciplinador de la vida social y cultural de la isla. Las únicas pesadillas fueron la guerra informativa y económica que todavía sacude a Latinoamérica, financiada por corporaciones locales y ONGs con recursos extranjeros, que debilitaron a los gobiernos progresistas de la región que estaban ayudando a devolver a Cuba su influencia y su centralidad en el debate político internacional.

¿O acaso hubiese habido pesadilla si los EEUU permitía que el socialismo cubano progresara libremente y sin trabas económicas? (¿Pero era dado imaginar una Cuba socialista exitosa a orillas de la Florida?) ¿O acaso hubiese habido pesadilla si los EEUU no impedía el movimiento hacia el socialismo en América Latina a fuerza de dictaduras y genocidio? (¿Pero era dado imaginar una América Latina unida por un ideal de justicia social a orillas del Caribe?) ¿O acaso hubiese habido pesadilla si el Consenso de Washington no licuaba las fronteras globales durante los ’90? ¿O si el progresismo latinoamericano continuaba su política de expansión de derechos y distribución de la riqueza sin que las embajadas de los EEUU intrigaran junto con los grandes grupos económicos? (¿Pero era dado imaginar una América Latina desafiando la lógica de acumulación de la riqueza que hoy es el sentido común del planeta?)

No, Cuba no fue una pesadilla, fue una anomalía en un sistema corrupto e inhumano, una anomalía que el sistema supo cercar y controlar, pero que no pudo suprimir. Esto solo ya es una victoria y una inspiración. Después de todo, las pesadillas y la violencia no las generan quienes liberan y reparten, sino quienes oprimen y someten. Fidel no forjó pesadillas, luchó contra ellas. Y son sus sueños y su lucha (nada menos) lo que nos ha dejado.




26/11/2016

El riesgo de los líderes eternos

“Si Mao hubiese muerto en 1956, sus logros hubiesen sido inmortales. Si hubiese muerto en 1966, todavía hubiese sido un gran hombre, aunque falible. Pero murió en 1976. Por todos los cielos, ¿qué podemos decir?”
Chen Yun, citado en “Big bad wolf”, The Economist (2006). 




21/11/2016

Cuando la verdad está en completa fuga y solo quedan los discursos

"No existe (o al menos, para la descripción histórica cuya posibilidad se traza aquí, no se puede admitir) una especie de discurso ideal, a la vez último e intemporal, al que elecciones de origen extrínseco habrían pervertido, atropellado, reprimido, propulsado hacia un futuro quizá muy lejano; no se debe suponer, por ejemplo, que haya sobre la naturaleza o sobre la economía dos discursos superpuestos y entrerrenglonados: uno, que se prosigue lentamente, que acumula sus conocimientos y poco a poco se completa (discurso verdadero, pero que no existe en su pureza más que en los confines teleológicos de la historia); el otro, siempre arruinado, siempre recomenzado, en perpetua ruptura consigo mismo, compuesto de fragmentos heterogéneos (discursos de opinión que la historia, al filo del tiempo, relega al pasado). No hay una taxonomía natural que haya sido exacta, con la excepción quizá del fijismo; no hay una economía del intercambio y de la utilidad que haya sido verdadera, sin las preferencias y las ilusiones de una burguesía comerciante. La taxonomía clásica o el análisis de las riquezas tales como han existido efectivamente, y tales como han constituido figuras históricas, comportan, en un sistema articulado pero indisociable, objetos, enunciaciones, conceptos y elecciones teóricas."
Michel Foucault (2008) La Arqueología del Saber.



13/11/2016

El Dios del marxismo según Laclau y Mouffe

"Resulta, pues, clara la línea general de la intervención teórico-estratégica austromarxista; en la misma medida en que se amplía la efectividad práctica de la intervención política autónoma, el discurso de la 'necesidad histórica' [propio del marxismo ortodoxo] pierde relevancia y se retira al horizonte de lo social (exactamente lo mismo que Dios, en el discurso deísta, sin desaparecer, limita drásticamente los efectos de su presencia en el mundo)."
Ernesto Laclau y Chantal Mouffe (1986) Hegemonía y Estrategia Socialista.
 


¿La virtualidad y el conformismo acabaron con las revoluciones?

"Si ha pasado la época de las revoluciones sistémicas, es porque no existen edificios para alojar las oficinas del sistema, que podrían ser invadidas y capturadas por los revolucionarios; y también porque resulta extrordinariamente difícil, e incluso imposible, imaginar qué podrían hacer los vencedores, una vez dentro de esos edificios (si es que primero los hubieran encontrado), para revertir la situación y poner fin al malestar que los impulsó a rebelarse. Resulta evidente la escasez de esos potenciales revolucionarios, de gente capaz de articular el deseo de cambiar su situación individual como parte del proyecto de cambiar el orden de la sociedad." 
Zygmunt Bauman (2004) Modernidad Líquida. 



Desigualdad y distancia entre moral pública y privada

"El materialismo histórico destruye toda una serie de prejuicios y convenciones, falsos deberes, obligaciones hipócritas, pero no por eso justifica la caída en el escepticismo y en el cinismo snob. El mismo resultado había tenido el maquiavelismo, por una extensión arbitraria o una confusión que, desde luego, no se daba en Maquiavelo, sino al contrario, puesto que la grandeza de Maquiavelo consiste en haber distinguido entre política y ética.
No puede existir una asociación permanente y capaz de desarrollo que no se sostenga en determinados principios éticos, propuestos por la asociación misma a sus componentes individuales con vistas a la complicidad interna y a la homogeneidad necesaria para alcanzar el fin. No por eso carecerán los principios de carácter universal. (...) Por tanto, esa asociación no se afirma como definitiva y rígida, sino como tendente a unificar a toda la humanidad. La política se entiende entonces como un proceso que desembocará en la moral, o sea, como tendente a desembocar en una forma de convivencia en la cual política y, por tanto, moral estén ambas superadas. Solo desde este punto de vista historicista puede explicarse la angustia de muchos ante el contraste entre la moral privada y la moral público-política. Esa angustia es un reflejo inconsciente y sentimentalmente acrítico de las contradicciones de la sociedad actual, es decir, de la falta de igualdad entre los sujetos morales."
Antonio Gramsci (2010) Antología - Volumen 2.





08/11/2016

De octubre a octubre: un año después del preludio de la derrota

La semana pasada se cumplió un año de la primera vuelta electoral del 2015. El aniversario llegó un día antes de la conmemoración por el fallecimiento de Néstor Kirchner. La atención puesta sobre esta última (más convocante que todas las anteriores por razones obvias), hicieron que el recuerdo de la antesala de la derrota kirchnerista pasara casi inadvertido. Nunca está de más volver la mirada hacia atrás por un segundo, y sopesar qué nos dejó aquella jornada ominosa.

Cierto es que cada vez que se mira hacia el pasado electoral reciente, parece inevitable hilvanar largas listas de promesas incumplidas o de derechos vulnerados al calor de las políticas macristas. Tratemos de evitar estas siempre útiles enumeraciones para volcar la atención sobre dos elementos algo menos transitados: la recepción mediática de los resultados de primera ronda y el impacto de aquellas elecciones en la militancia kirchnerista.

Las portadas del 26

Para los diarios del 'día después', la ajustada victoria de Scioli (que no superó el 2% frente a su contrincante) fue interpretada en el contexto de la derrota bonaerense de Aníbal Fernández. Así, Clarín señalaba: “Los resultados, sobre todo el notable triunfo de Vidal… anticipan un fin de ciclo para el kirchnerismo duro.” Y Ricardo Kirchbaum acompañaba el presagio titulando: “Cristina fue la principal derrotada”.

La portada de La Nación proponía lecturas más racionales, saludando los resultados como “Una noche que cambió la política argentina”. Pero fue Página /12 el único periódico que supo llevar a la portada aquello que en verdad se ponía en juego: “Dos países”, fue el lacónico titular, acompañando la imagen de los dos candidatos encaminados al ballottage.

De estos “dos países”, uno se hizo presente de inmediato en las tapas de los diarios económicos. “Los mercados esperan un lunes eufórico, con subas en bonos y acciones”, anticipaba El Cronista, y Ámbito Financiero les daba la razón asegurando: “Se descuenta una fuerte suba en los bonos y las acciones de Argentina desde hoy”. Menos afinados para los matices, y desatendiendo esta evidencia, La Izquierda Diario recibía los resultados electorales con un ingenuo “No le hagas el juego a la derecha: votá en blanco.”

Las portadas de ayer, hoy

A un año de estas primeras y rápidas impresiones mediáticas es posible realizar una lectura más asentada de su contenido. Aquella automática “euforia” de los mercados, si bien justificada, hoy debiera moderarse. Macri no tardó en aplicar el ajuste requerido por empresarios e inversores, y en empujar las demandas salariales a la baja. Sin embargo, la pronosticada “lluvia de inversiones” nunca se materializó, y, ya avanzado octubre de 2016, estos mismos empresarios e inversores advierten que no se materializará a menos que el gobierno consolide su victoria el año que viene.

Por supuesto, esto no significa que la “euforia” se haya disipado por completo. Aunque las ganancias interanuales en la Bolsa de Comercio no mejoren los números de 2015, la mayoría de las empresas que cotizan continúan haciendo una buena diferencia. Y si de ganadores hablamos, ninguno como la banca, que logró incrementar en un 60% sus ganacias con respecto al año pasado, y llegó a representar el 54% del total de ganancias en la Bolsa.

Si a ‘este país’ no le va tan mal, al ‘otro país’ las cosas no parecen irle demasiado bien. Más allá de las regulares movilizaciones multitudinarias que hasta los periódicos macristas se ven obligados a cubrir, en lo que va del año ha habido un promedio de más de un paro, marcha, corte o protesta por día alrededor del país. Es decir que, en promedio, no pasa un día en que el malestar no tome las calles en algún rincón de la Argentina. Este otro país, el país de los trabajadores y de los pequeños emprendimientos golpeados por la economía liberalizada, rara vez llega a los titulares, pero reactualiza día a día la tensión entre los dos modelos graficada por la portada de Página/12 luego de la primera vuelta electoral. Hoy, la imagen de un presidente empresario rodeado de CEOs,  llamando a los trabajadores a no poner “palos en la rueda de las empresas”, es la fatídica contracara del conflicto social en permanente ebullición. Tan evidente ha sido esta tensión entre modelos, que hasta la izquierda trotskista acabó asumiéndola y hoy se encuentra compartiendo eslóganes y alguna que otra marcha con el propio kirchnerismo.

De las portadas a las redes, y de las redes a las calles

La lectura que tal vez merezca más atención es aquella que pronosticaba el “fin del kirchnerismo”. Contrario a todas las previsiones clarinistas, la ajustada victoria de octubre no solo no acabó con el kirchnerismo, sino que activó a una importante porción de votantes que hasta entonces no se encontraban enmarcados dentro de espacios de militancia formal. Fue justo después del 26 de octubre que se creó la comunidad de Facebook ‘Resistiendo con Aguante’, que no tardó en congregar a medio millón de miembros afines al gobierno saliente y que se multiplicó en cientos de microcomunidades locales con presencia en las las distintas movilizaciones que se vienen llevando a cabo desde la asunción de Macri.

En una encuesta propia llevada a cabo en el grupo Resistiendo con Aguante, si bien un 58% refiere no tener participación política formal, un nada despreciable 12% declara haber iniciado su militancia partidaria a partir de la derrota electoral del 2015. De aquellos que no se encuentran encuadrados dentro de un partido político, un 14,7% asegura haber asistido a por lo menos una reunión de debate político durante este año, y un impactante 33% declara haber participado en por lo menos una movilización a lo largo del 2016. Estos números dan cuenta de que, lejos de haber sepultado al kirchnerismo, el impacto de las elecciones despertó el compromiso activo y militante de una numerosa porción de votantes hasta entonces no comprometida con la acción política directa. En este contexto, los resultados de octubre deben verse como un primer sacudón que despabiló a buena parte de las bases kirchneristas y cerró filas frente a la dispersión del espacio peronista.

Junto con esta activación de una militancia hasta entonces aletargada, las elecciones de octubre despertaron a su vez nuevas formas de acción militante. Aquella que más claro impacto tuvo tras la primera vuelta electoral fue la modalidad de campaña 'puerta a puerta'. Versión superadora del timbreo-ficción duranbarbista, el 'puerta a puerta' del kirchnerismo apeló al diálogo directo de vecino a vecino, ya sea en las casas, en las calles, o en los transportes públicos. A esta novedosa forma de vinculación con el electorado le siguieron las charlas de referentes partidarios en las plazas, algo que a medida que fuese creciendo acabaría derivando en las multitudinarias Plazas del Pueblo, que hoy se replican cada semana en algún punto del país.

En cierta forma, la fragilidad electoral que dejó entrever el FPV en octubre de 2015 llevó a que esta fuerza, acostumbrada a la construcción de vínculos verticales desde las instituciones estatales, o desde sus medios afines, tomara conciencia de la importancia de los vínculos horizontales. Curiosamente, se trata de vínculos que el Pro ya venía explotando con acertado criterio y visión, tanto en las comunidades virtuales como en las charlas entre los ministros de la Ciudad y los vecinos. Mejor tarde que nunca, asegura el refrán. En este sentido, la virtud del kirchnerismo ha sido romper la inercia del pasado y adentrarse en nuevos terrenos, lo cual no podría haberse dado sin una amplia base de militancia (a diferencia de lo que venía ocurriendo con el Pro, cuyo principal replicador siempre fueron los medios concentrados).

Hoy, desde su lugar de oposición (y mientras las cabezas políticas atienden a la rosca partidaria que sucede a toda derrota de proporciones), la militancia kirchnerista se ha reconfigurado, ha actualizado sus espacios de acción, y lo ha hecho sin perder uno de sus principales activos políticos: la capacidad de movilización.

Los medios y las portadas de mañana…

Solo queda un espacio, no menor, en donde el FPV se muestra en franca retirada: los medios. Salvo valiosas pero limitadas excepciones, las voces del kirchnerismo han desaparecido del registro mediático. En la amplia mayoría de los medios se habla por o sobre el kirchnerismo, pero evitando la presencia kirchnerista o diluyendo la confrontación directa. Como lo que se perdió por un lado debe compensarse por otro, la actual penetración en las redes (donde ya se compite cabeza a cabeza con el macrismo), y la constante presencia en las calles, tratan de funcionar como contrapesos. Las multitudes, se sabe, continúan siendo esquivas al partido de gobierno (que ya desistió de convocarlas tras el fracaso de la apertura de sesiones del Congreso). Las calles, por lo menos, continúan siendo kirchneristas.

Empatados en el terreno virtual, resta ver hasta qué punto la movilización y el diálogo cara a cara con el vecino podrán compensar la limitada presencia mediática, hoy que casi la totalidad del espectro de medios ha decidido proteger la imagen y la gestión macrista al tiempo que continúa ocupado en golpear y denunciar la gestión kirchnerista. En cualquier caso, no será algo que podamos develar sino hasta 2017, cuando un nuevo octubre nos reciba.



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